domingo, 3 de febrero de 2013

Cuento: El gato místico.


EL GATO MÍSTICO Y TÚ

Una madrugada de luz, dejaba las huellas y las cruces que alumbraba una caminata más,
Por los techos del mundo.
Un sutil deseo  me condujo a la búsqueda, de cómo romper mis nocturnos paseos en busca de alimento,
Y en busca del  sitio mas cercano a mi nostálgica luna.
Mi interna oscuridad ocultaba las señales, escondía las chispas y las burbujas de mis sueños infinitos.
Pero esta madrugada era diferente, simulaba llevarme al comienzo de la compañía, y un fin decisivo de la soledad.
Me empujaba y empujaba a aquella fuente eterna de mi hogar esperado.
Al jardín con frutos que aliviarían el dolor de mi indagante alma.
Las estrellas eran mis guías, mis únicas maestras. Me hablaban confianzudas, me decían que avanzara por los tejados escarchados.

Dejándome llevar por ellas me perdí en la misteriosa ciudad, mis ojos se tornaron de confusión, el miedo y la agonía empezaban a invocar el pánico, no sabia donde me habían llevado las voces del cielo, estaba perdido, cansado y hambriento.
Grité a lo invisible, reclame al cielo, y sublevándome con mis maestras, deje resbalar  mi cuerpo en el  tejado, alumbrado por la luz de la luna, que algún día creí era mi amiga.
Estaba solo, tirado  en un patio oscuro, las voces se habían marchado, el viento ya no me acariciaba, lágrimas eran mi único mar que me acompañaban, pero ya estaban por acabarse e irse también.
Tengo miedo, mucho miedo…

De repente una luz se encendió a lo lejos, mi vista bañada en líquido depresivo no lo notaba, era una luz tenue que no dañaba mis ojos, ¿Qué es?, quien se acercaba?
Solo notaba la silueta de una mujer, y era una mujer, una humana había escuchado mis alaridos de dolor.
Se acercó y me miro con ternura, sus manos rozaban la espalda delicada y herida de un pobre gato perdido, herido por un vago destino, extraviado en busca de un sueño de encontrar un hogar, algún calor, alguna sabana que mitigue el frío de mi vida.
Aquella mujer con cautela amorosa aliviaba mis patas rasgadas, que sangraban de impotencia  al creer que jamás avanzarían, sus manos parecían alas, estas se llevaban la sangre y el dolor.
Ella solo me miraba.
Me miraba y sus ojos eran dos universos de amor, jamás ningún humano me había tocado, jamás me habían mirado así.

Ella me invadía de confianza, con mis ojos sumergidos en los suyos la soledad se extinguía, se marchaba; las manchas depresivas de mi alma se borraban con sus manos.
Me quedaba inmóvil ya que sus dedos me hipnotizaban, caricias suaves, su piel y la mía entrelazados, éramos una sola esencia en esos segundos, no sabía como decirle lo mucho que la espere, los humanos no entienden nuestro idioma, pero mi corazón y la de esa angélica mujer se entendían, en solo latir se unían. 
Todo estaba pasando tal como lo soñé, el lugar esperado del cual me hablaban las estrellas, estaba allí, no podía creer que mi búsqueda y mi sufrimiento habían terminado.
Me cargo y me dio calor, me alimento y salvo.
Ahora las noches son infinitas, ella sanó mis heridas, la rutina no me importaba si dormía en sus brazos, la luna ya no es nostálgica, sonríe al vernos juntos.

Al fin logre encontrar pureza, encontrar todas las respuestas en una sola, y era ella.
Con ella mi pasado angustioso se borro.  
Ella es mi dueña.
Mi realidad, mi otra mitad, mi verdadero hogar.
Mi sueño hecho realidad.
Con ella seré inmortal.


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