EL GATO MÍSTICO Y TÚ
Una madrugada de
luz, dejaba las huellas y las cruces que alumbraba una caminata más,
Por los techos del
mundo.
Un sutil deseo me condujo a la búsqueda, de cómo romper mis
nocturnos paseos en busca de alimento,
Y en busca del sitio mas cercano a mi nostálgica luna.
Mi interna
oscuridad ocultaba las señales, escondía las chispas y las burbujas de mis
sueños infinitos.
Pero esta madrugada
era diferente, simulaba llevarme al comienzo de la compañía, y un fin decisivo
de la soledad.
Me empujaba y
empujaba a aquella fuente eterna de mi hogar esperado.
Al jardín con
frutos que aliviarían el dolor de mi indagante alma.
Las estrellas eran
mis guías, mis únicas maestras. Me hablaban confianzudas, me decían que
avanzara por los tejados escarchados.
Dejándome llevar
por ellas me perdí en la misteriosa ciudad, mis ojos se tornaron de confusión,
el miedo y la agonía empezaban a invocar el pánico, no sabia donde me habían
llevado las voces del cielo, estaba perdido, cansado y hambriento.
Grité a lo
invisible, reclame al cielo, y sublevándome con mis maestras, deje
resbalar mi cuerpo en el tejado, alumbrado por la luz de la luna, que
algún día creí era mi amiga.
Estaba solo,
tirado en un patio oscuro, las voces se
habían marchado, el viento ya no me acariciaba, lágrimas eran mi único mar que
me acompañaban, pero ya estaban por acabarse e irse también.
Tengo miedo, mucho
miedo…
De repente una luz
se encendió a lo lejos, mi vista bañada en líquido depresivo no lo notaba, era
una luz tenue que no dañaba mis ojos, ¿Qué es?, quien se acercaba?
Solo notaba la
silueta de una mujer, y era una mujer, una humana había escuchado mis alaridos
de dolor.
Se acercó y me miro
con ternura, sus manos rozaban la espalda delicada y herida de un pobre gato
perdido, herido por un vago destino, extraviado en busca de un sueño de
encontrar un hogar, algún calor, alguna sabana que mitigue el frío de mi vida.
Aquella mujer con
cautela amorosa aliviaba mis patas rasgadas, que sangraban de impotencia al creer que jamás avanzarían, sus manos
parecían alas, estas se llevaban la sangre y el dolor.
Ella solo me
miraba.
Me miraba y sus
ojos eran dos universos de amor, jamás ningún humano me había tocado, jamás me
habían mirado así.
Ella me invadía de
confianza, con mis ojos sumergidos en los suyos la soledad se extinguía, se
marchaba; las manchas depresivas de mi alma se borraban con sus manos.
Me quedaba inmóvil
ya que sus dedos me hipnotizaban, caricias suaves, su piel y la mía
entrelazados, éramos una sola esencia en esos segundos, no sabía como decirle
lo mucho que la espere, los humanos no entienden nuestro idioma, pero mi
corazón y la de esa angélica mujer se entendían, en solo latir se unían.
Todo estaba pasando
tal como lo soñé, el lugar esperado del cual me hablaban las estrellas, estaba
allí, no podía creer que mi búsqueda y mi sufrimiento habían terminado.
Me cargo y me dio
calor, me alimento y salvo.
Ahora las noches
son infinitas, ella sanó mis heridas, la rutina no me importaba si dormía en
sus brazos, la luna ya no es nostálgica, sonríe al vernos juntos.
Al fin logre
encontrar pureza, encontrar todas las respuestas en una sola, y era ella.
Con ella mi pasado
angustioso se borro.
Ella es mi dueña.
Mi realidad, mi
otra mitad, mi verdadero hogar.
Mi sueño hecho
realidad.
Con ella seré
inmortal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario